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EL YACARE OVERO
NOMBRE CIENTÍFICO:
GENERO: Caiman
ESPECIE: latirostris
NOMBRES VERNÁCULOS:
Yacaré overo; Yacaré ñato; Yacaré de hocico ancho; Jacaré-de-papo-amarelo
(portugués); Broad snouted caiman (Inglés)
TAMAÑO: Al nacer pesan unos
40 gramos y miden 22 centímetros. El tamaño de adulto actual para un macho
está en el orden de los 2, 60 mts de longitud y unos 80 kg de peso. Registros
históricos citan animales de hasta 3,2 mts.
CARACTERÍSTICAS GENERALES:
Su cuerpo comprimido dorsoventralmente, la cola musculosa y afilada lateralmente,
mas una piel prácticamente impermeable y con manchas de camuflaje, lo
transforman en un nadador perfectamente adaptado a lugares ricamente vegetados
donde gracias a sus ojos y narinas de ubicación dorsal puede pasar desapercibido
tanto para potenciales presas como para predadores.
HABITAT:
Su existencia está indefectiblemente asociada al agua, aunque a diferencia
de la mayoría de los Crocodylia, no son fáciles de observar en los grandes
espejos o cursos de aguas limpias. El yacaré overo prefiere ambientes
acuáticos en general de poca profundidad y casi siempre fuertemente vegetados,
lugares de muy difícil acceso para la mayoría de los predadores (incluído
el ser humano), y con una gran abundancia de alimento. Las poblaciones
mas interesantes de la especie se encuentran en los grandes esteros asociados
a las planicies de inundación de los ríos de llanura como el Paraná, el
Uruguay y el Salado. Una fracción de la población suele permanecer cerca
de los canales o cavas de erosión hídrica dentro del monte, alejados varios
kilómetros de espejos de agua permanente.
BIOLOGÍA:
Los yacarés dependen de la temperatura exterior para desarrollar sus actividades,
por lo que en invierno su vida se limita a unos pocos movimientos para
exponerse al sol o sumergirse. Cuando llega la primavera y los primeros
calores, los yacarés comienzan a alimentarse hasta llegar al pico máximo
de actividad en la temporada reproductiva. En este período se producen
algunas disputas territoriales hasta que comienzan las cópulas. Los apareamientos
se producen siempre en el agua, luego de que el macho, tras una persecución
de duración variable, logra atrapar y cubrir a la hembra. Una vez fecundadas,
las hembras se alejan a lugares apartados, a veces a kilómetros de los
ambientes de residencia habitual en aguas permanentes, incluso a la profundidad
del monte, para iniciar la construcción del nido. Estos montículos de
materia vegetal, tierra, arena, ramas y deyecciones, actúan como incubadoras
naturales, especies de silos que por el calor del sol y la fermentación
producen una temperatura interior casi uniforme durante todo el ciclo,
que dura unos 70 días. Las posturas se producen entre principios de diciembre
y mediados de enero, y dependiendo del lugar y el carácter de la hembra,
pueden observarse actitudes de defensa del nido, que se manifiestan con
marcada agresividad para con cualquier intruso en las cercanías. Se estima
que en condiciones naturales, al finalizar el período de incubación, solo
eclosionan entre el 30 y el 50% de los huevos puestos en la temporada.
Esta elevada mortandad embrionaria puede deberse a factores ambientales
directos como las inundaciones o las sequías extremas, aunque también
tienen gran influencia algunos indirectos, como la predación de huevos
que se produce en años relativamente secos, donde hasta el 50% de los
nidos en el monte y el 80% de los nidos en albardones, se transforman
en alimento para otros animales. Contra lo que podría suponerse, aún no
ha pasado lo peor. Los recién nacidos con su pequeña masa corporal, quedan
expuestos a garzas, cigueñas, zorros, iguanas, caranchos, y toda clase
de carnívoros del humedal. Por otra parte, las primeras heladas sorprenden
a los pichones con un peso inferior a los 70 gramos, por lo que si no
encuentran un lugar apto para refugiarse, difícilmente superen el primer
invierno. Raramente el 10% de los animales que nacen, alcanza a cumplir
un año. Esto fácilmente explica la estrategia reproductiva de la especie,
que como en el caso de la mayoría de los reptiles, producen una frágil,
pero abundante descendencia, lo que garantiza que al menos unos pocos
lleguen al estado adulto.
ESTADO
POBLACIONAL: Como en la mayoría de los cocodrilos, su situación se
encuentra en estado de recuperación gracias a los controles internacionales
y al estímulo a los programas de utilización comercial conservacionista,
o programas de uso sostenible. Si bien la especie en general aún se encuentra
incluída en el Apéndice I de CITES, en el año 1997 la población santafesina
de Caiman latirostris fue transferida al Apéndice II, lo que habla a las
claras de una franca recuperación. De cualquier modo persisten algunos
aspectos preocupantes con respecto al futuro, y curiosamente no están
relacionados con la caza furtiva ni con la utilización comercial, sino
con la pérdida de hábitat, ya que continúa vigente la práctica de algunos
productores de secar esteros mediante la canalización. Esta conducta ha
producido la muerte de decenas de miles de animales en los útimos años.
La única herramienta de conservación para detener este proceso, es la
valorización económica de los humedales en su estado actual. Dicho en
otras palabras, el estero vale si vale lo que hay adentro, y finalmente,
si vale, se conserva.
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